UNO
"El espacio sináptico...ocurre un retraso...un acomodamiento...como los temblores en la Tierra...somos un organismo que siempre se está acomodando..."
La risa se te escapaba a veces y las palabras salían con mucho entusiasmo de tu boca. Yo miraba tus ojos de vez en cuando y tu aro en la nariz y escuchaba adormecido tus ideas. No adormecido por el sueño y el cansancio que a esa hora me mataban, sino por estar frente a una mujer con las cosas muy claras y capaz de expresarse de forma perfecta.
El efecto se hizo sentir rápido, incluso estuve como 15 minutos con esa última cola apagada entre mis dedos en una mano y en la otra el encendedor, mirándote y escuchándote. Me explicaste lo que era un deja vú mientras sonaban Los Tres de fondo, también cantabas de vez en cuando. Me hablaste de la estrella fugaz que habías visto. Te pregunté cuál era el deseo que pedirías. Me dijiste: "Ser siempre feliz". Me reí porque ese es el deseo que siempre he tenido y creo que el de muchos. No sé si te habrás dado cuenta de cómo te miraba, pero creo que parecía un tonto. Sentada con las piernas cruzadas sobre el asiento tenías una botella de vino tinto entre tus manos y hablabas de todo como la mujer más sabia del mundo. "¡Voy a ver el amanecer!...Me quedaría así por siempre..." y sacaste tu cabeza por la ventana y miraste hacia atrás. Te dije que me hubiera gustado haber tenido mi cámara fotográfica para haber congelado ese preciso momento en que mirabas al cielo y yo sólo podía ver tu espalda. "No me gustan las fotos..." Pero igual te hubiera fotografiado.
"-Si te tienes que ir...vámonos
-No, estoy entretenido, ¿tú te tienes que ir?
-La verdad es que no..."
La conversación estaba muy buena, pero el cansancio ya era el enemigo. Al final decidimos irnos. Te dije que te pusieras el cinturón de seguridad. Lo hiciste pero volviste a cruzar las piernas sobre el asiento y te pasaste el cinturón por la rodilla. Eso me encantó.
Nunca había manejado en ese estado. Era una mezcla de paz y alegría. Te miraba y me sentía relajado. El aire era otro. La mañana ya había llegado. Y yo quería que ese momento no terminara nunca. Fue uno de los momentos más extraños y felices de mi vida. Me hubiese gustado haberte llevado conmigo, amarrarte a mi, abrazarte, decirte muchas cosas, pero no hice nada de eso. Sólo sonreir y pensar. "Siempre me tocan luces verdes", pero más adelante nos pararon dos luces rojas. ¿Habrá sido mi culpa? Descubrí el color de tus ojos con la luz del día que cubría a la noche. Miel. Dulzura. Tus ojos. Tu risa. Todo era paz. Comenzaste a guardar tus cosas. El sombrero café. La botella de vino. Tu pareo negro. Te bajaste.
"-Gracias, me hiciste reír mucho. Lo pasé super bien.
-No, gracias a ti, fue muy entretenido haber hablado contigo...
-Chao.
-Chao..."
