Crónica 1
Inicio crónica número uno, sentado en el sillón negro mirando porquería de televisión barata. Me recuerdo alguna vez saltando del techo de mi casa y mi mamá con una camisa del colegio en una de sus manos (de esas blanquiamarillentas que vendían o venden aún en las ferias por un billete y medio) y un perro de madera en la otra gritándome: ¡Cabro’e porquería, te vai a caer!, mientras yo ya iba en el aire con cara de velocidad y audacia. Recuerdo también la maniobra de amortiguación-rebote agachando el cuerpo, concentrándome en una mínima expresión de mi ser al tocar el suelo hasta apoyar las manos en él para no perder el equilibrio y luego salir disparado a uno de mis costados para así evadir tanto el reto como el posible cachuchazo de la señora. Ahora me pregunto: ¿qué pasó con toda esa elasticidad y versatilidad de movimientos antihumanos que llegué a desarrollar con los años?
La pequeñita y simpaticona kinesióloga en práctica me mira con ojos cómplices y luego de arquear sus cejas me dice: “Ya estamos viejos…” y no sé si considerarlo como un cumplido que debiera significar algo así como un diploma de madurez o tomarlo como un “¡puta que estoy cagao!”. Lo único seguro es el reposo de 2 semanas, evitar las escalas, la luz infrarroja durante 15 minutos, el ultrasonido (con la ayuda de las manos siempre serviles de la kine) y la ultratermia; ¿por qué casi todo era ultra?, ¿acaso haría que mi rodilla mejorara ultrarrápido?
Maldita pichanga…y ni siquiera fue un trancazo, una falta descalificadora por detrás (que hubiese ameritado la tarjeta roja que no existe en estas canchas de partidos amistosos), un choque con las bancas a medio metro del límite del campo de juego, o por lo menos una caída estrepitosa producto de una jugada conflictiva. Nada de eso. Un simple movimiento de mi pierna izquierda hacia fuera para evitar a un contrario… ¡apenas en mediacancha!... y así termina mi historia futbolística semi-amateur.
Yo, 3 horas después, enyesado. Una polola enojada porque yo no llamé a su casa para marcar tarjeta esa noche. Yo explicando la situación. Yo pobrecito, mirando el yeso que empieza en la mitad de mi trutro corto y termina en el tobillo. La polola llegando al otro día. Ambos inventando nuevas posiciones para luego terminar fumándonos el típico cigarro tapados solo con esa sábana que ya no tiene nada de nueva. Una nueva y buena experiencia.
Años después me pregunto: ¿era la primera práctica de la kinesióloga “en práctica”?, ¿debí haber hecho el reposo?, ¿aquella nueva posición sexual tendría que haber sido con la pierna enyesada “bajo” y no “sobre”?, o simplemente: ¿ya estamos viejos…? La verdad es que el invierno y los partidos de baby ya no son mis amigos.
Finalizo crónica número uno, y sigo sentado en el sillón negro pero ahora observando una mosca que se posó en la ventana chica (creo que me vio, pero no sé si me teme).

2 Comments:
ehhh ... bien, bien, todo bien excepto algo (siempre ta todo bien e igual hay q criticar , bueno asi es la cosa no mas) es una cronica , pero de que? de ayer , de mañana, cronicas del domingo?, por lo menos un titulo, un algo que la identifique y, no solo y banal numero , que no dice nada mas que es la primera, segunda tercera que se yo , arriba los titulos , abajo las primeras partes y las segunda, abajo tambien los tomos , volumenes, y demases, mejorar ayuda la prliferacion ...
...eso...
q keri q te escriba
no lei lo q publicaste
pero de seguro esta bueno
jajajajajja
asi q aqui te va un comentario estupido..en honor al tema jajajaja
cuando su asadito
tay conveertido en un viejo cu....
jajajajajaj
ya q estes bien
cuidate mucho
xaolinnnnnn
Publicar un comentario
<< Home